Siento esa necesidad incómoda de escribir. Registrar en papel esos movimientos de ideas, recuerdos, palabras, personas. Digo incómodo porque suelo preferir estar divagando en el efímero mundo de los pensamientos azarosos que no exigen compromisos con las palabras ni justifiación alguna.
La oportunidad es clara. No hay mejor momento, lugar ni condiciones para hacerlo como es este. De fondo suena una chacarera que no conozco. Entre acorde y acorde las voces de mi abuela y su hija, que es mi madre, se entrecruzan. Más cerca, de este lado de la puerta, otra música suena. Esta sí la conozco. Es jazz, una voz femenina acompaña con sutileza y sensualidad a una versión de un clásico de los 90: "don´t speak" de No Doubt.
Sobre la cama un celular. Reposa cerca mío y lo miro con esperanzas y un deje de desconfianza ya que su señal para recibir mensajes o llamadas está muy débil. Eso pasa siempre en el campo. Mi abuela tiene estudiado cada uno de los lugares en donde la señal de los celulares se mantienen estables. Por ende es normal encontrar celulares en la galería, sobre una cabina o en el poste de la tranquera.
Dos rayitas, una, ninguna. ¡De nuevo dos!, la señal iba y venía jugando con mis expectativas. Encima ella no contesta. Detrás mío, cerca de la almohada en la cabecera, dos libros reposan como si quisieran, en vano, inspirar mi escritura. El más extenso es de Cortázar, "cuentos completos 1". Suele acompañarme a donde vaya, aunque nunca lo pude leer desde donde comienza hasta su fin.
Miro de nuevo el celular, una pobre e insignificante rayita mantiene mis expectativas. La situación no podría ser más inspiradora: campo, lluvia, tranquilidad, vacaciones, noche, corte de luz eléctrica y una latente respuesta de ella a mi mensaje. Y yo sigo sin ganas de escrbir, pero necesito hacerlo.
Mientras mi espera continúa recuerdo las historias de mi mamá y su infancia, escribiendo y leyendo a la luz del sol o la vela. Todo cambia, se transforma. Hoy me alumbro, cual vela electrónica, con el celular. Ese que por momentos es mi amigo y por otros mi enemigo. Ese mismo que debe recibir ese mensaje que traiga un sí de ella a a mi propuesta.